UN PUNTO DE FELICIDAD

Un cuento

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Un tren entre Poznan y Wroclaw, el silencio, ese extraño silencio para un español en un espacio lleno de gente, lo invade todo, tan sólo el rítmico traqueteo del tren lo rompe, en la ventanilla el vaho permite ver las gotas de agua correr por el cristal en un anticipado otoño polaco, ella dormita a su lado con la cabeza apoyada en su hombro, él lee apasionado una novela de Murakami, en un momento dado levanta la vista del libro y toma consciencia de todo lo anterior, deja caer la cabeza hasta tocar el respaldo y respira profundamente disfrutando del instante.

Un ratito de felicidad, uno de esos extraños momentos, vulgares momentos en los cuales sin saber porqué se siente pleno, tranquilo, a gusto consigo mismo, en armonía con el entorno y consciente de que ese instante es fugaz, pronto terminará y sólo habrá dejado un recuerdo bonito de algo que debía ser tan anodino como cualquier otro minuto de su vida, pero que sin embargo en esta ocasión perdurará en la memoria y cada vez que lo evoque, le hará esbozar una sonrisa interior.

PLAZA DE LA CRUZ

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Hoy, 18 de julio, han comenzado las obras en la Plaza de la Cruz de Pamplona para hacer un parquin subterráneo. La Plaza de la Cruz es uno de los pulmones verdes del centro de la ciudad. Es el cuarto de estar del Segundo Ensanche y el lugar de mis primeros juegos en la calle y del despertar a la adolescencia.

En los alrededores de la Plaza de la Cruz hay varias calles, la mayoría, sin arbolado: Navarro Villoslada, Tafalla, Padre Calatayud, Bergamín, Leyre, Doctor Huarte… ¿sigo?

Pero nuestros representantes (perdón, que se me salta la risa) han ideado la construcción de esta obra, allí donde más árboles de gran porte se concentran, desoyendo a vecinos y a la mayoría de representación municipal. Faltan informes técnicos, acuerdo del pleno y otros procedimientos, pero no importa, ya estamos acostumbrados a la política de hechos consumados; se empieza la tala, luego llegan informes desfavorables y «bueno… ya si eso…, ya que hemos empezado…» Y no pasa nada, nunca pasa nada. Los autores de estos desaguisados se van de rositas y si hay un enjuiciamiento, nunca lo pagan ni con su patrimonio ni con su persona. Encima en el mundo de la política los ascendemos, siempre es así, al más inútil, al incómodo, al que sobra se le da «patada y parriba» así en unos días lo tendremos representándonos a todos en el Congreso de los Diputados (perdón, me vuelve a dar la risa).

Mientras tanto, vamos a seguir quejándonos del calor. Por cierto, qué calor, ¿no?

NUEVA NOVELA

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Hola otra vez.

Os presento: ESTA VEZ NO HE SIDO YO, mi nueva novela.

La podéis encontrar en Amazon para ebook y en breve estará también disponible en papel, en la misma plataforma.

Prefiero no adelantar nada, descubridlo!

Espero que os guste, ya me diréis.

¡Salud!

BELINDA

Un cuento

Día 18

Sé que me ha encontrado. Sé que me acecha. Me sigue a todas partes. No me habla, pero me observa. Me siento observado. Se ríe de mí. Debe pensar que soy un pobre hombre. No importa, debo ser más fuerte que ella.

No puedo hablar con nadie, no puedo ver a nadie, no puedo hacer nada que ella no observe. No quiero que controle mi vida.

Aún no me habla. Solo se ríe de mí. Pero un día me hablará.

No la soporto. Quiero que desaparezca de mi vida.

Voy a hacer que desaparezca de mi vida.

Estoy en el taller. Nadie me observa. Voy al cuarto de los aperos. En la pared está colgado el instrumental. Cojo una hoz, está bien afilada. Alfredo siempre tan diligente con las herramientas.

¡Adiós Belinda!

BELINDA

Un cuento

Día 16

Han pasado semanas, creo, desde que volví al taller. He recuperado mis rutinas. Tan solo eso, rutinas.

No he vuelto a Praga. No me da la vida. No sé qué harán mis ranas, ni las piedras que fabrican ondas, no sé si mi violín seguirá allí. Me da igual.

No sé si Belinda estará allí. No ha venido a verme. No quiero que venga a verme. Pero sé que lo hará, un día lo hará y no sé como la recibiré. No quiero verla. No quiero oírla. Tengo miedo de verla, de que me hable, de sus mensajes.

BELINDA

Un cuento

Día 15

Mi padre me despierta a la hora de siempre. Antes me despertaba solo, ahora, no. No duermo, pero tampoco me despierto.

El viejo ha preparado el desayuno. Me acompaña al taller.

Allí Alfredo sale a recibirme. Parece contento. Dice que todos me esperan.

Silvia está con todo el equipo: Santi, Laura, Marcos, Jorge y Amalia. Gritan, aplauden, sonríen. Silvia me da la bienvenida y un beso. Luego se abalanzan todos contra mí y me abrazan.

No sé qué tengo que hacer, sonrío de manera bobalicona, se supone que algo así tengo que hacer.

Hoy Alfredo me consiente que holgazanee un poco. Dice que ya me incorporaré poco a poco, que debo estar cansado. No sé si estoy cansado.

Santi suda como un cerdo, como lo que es; Amalia mira al infinito mientras su índice pugna con su nariz; Jorge observa los tomates; Marcos observa el culo de Laura; y Laura me observa a mí y me habla y no calla, me cuenta miles de cosas, no sé lo que dice.

 Por la tarde volvemos a casa. Laura me acompaña, me propone quedar para pasear, tomar algo, ir al cine…, lo que sea. Le digo que estoy cansado, que otro día. Se va…, no muy convencida.

Pienso en ir a Praga. No me apetece. Estoy cansado. Realmente tengo miedo de encontrarme allí a Belinda.

Me acuesto.

BELINDA

Un cuento

Día 14

El hombre del despacho dice que me manda para casa. Dice que estoy bien. Si él lo dice, será.

Estoy bien… Estoy bien…

Mi padre viene a buscarme. Parece que ha envejecido el hombre. Me lleva a casa. Hoy ha cocinado lo que me gusta, macarrones con tomate. No sé si me gustan los macarrones con tomate, él dice que sí. No me acuerdo.

Después me acuesto, tengo sueño. No duermo.

Dice que mañana me esperan en el taller. Pues bueno, pues vale. Mañana ya veremos…

BELINDA

Un cuento

Día 13

No sé cuánto tiempo hace que estoy aquí. No importa. Nada importa.

Mi cabeza es un gran agujero negro, es el triángulo de las Bermudas, es una sima sin fin, es la puerta del infierno. Todo lo que llega aquí desaparece irremisiblemente. Siento el vacío, un profundo hondo en mi cerebro y en mi alma.

El hombre sigue hablando conmigo. No sé cuántas veces me han llevado ante su presencia. Es como un confesor, es paternalista, me pregunta cosas que no entiendo, me pregunta si duermo bien. ¡Tiene gracia la cosa! Yo nunca duermo.

No sé nada de Belinda. Desde que estoy aquí no sé nada de ella. Mejor. Debe ser que no se atreve a entrar aquí. Le deben de prohibir el acceso.

Aquí estoy en calma. Es lo único que percibo, una profunda calma.

Tengo miedo de irme de aquí. Tengo miedo de que me encuentre fuera. Sé que, tarde o temprano, me encontrará.