LA TRIBU

Un cuento

 

Tal vez sea algo ancestral, quizás lo llevemos en los genes, no sé si es debido a nuestra educación, en todo caso a la educación recibida generación tras generación, puede que no seamos conscientes de ello pero a pesar de nuestra “modernidad”, de nuestro estilo de vida, de nuestro orgullo de especie, seguimos siendo animales gregarios.

Una tarde cualquiera en un bar cualquiera. Es la hora de su café, se deleita con él en un inestable pulso que lo convierte en un líquido tembloroso con serio riesgo de terminar por la mesa o por su blusa en vez de en su boca. Entre traguito y traguito contempla la concurrencia, saluda sonriente, le devuelven el saludo, al fin y al cabo es la más anciana de todo el personal que en el pueblo acude allí a diario. Siempre es así.

Se acerca un muchacho con un bebé de días entre sus manos, se lo muestra y orgulloso dice «mire señora, es mi hijo», a ella se le ilumina la cara le sonríe y con su arrugada y temblorosa mano acaricia la manita del pequeño.  Se van.

No sé quién es, ella tampoco.