Me aburro

Pintura

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Confinado como todo el mundo y lejos de «mis cosas», ayer me pasaron unos viejos lápices de colores Alpino, unos rotuladores y unos folios. Esto me ha dado vidilla; cualquier cosa, por ínfima y pequeña que sea, ahora es muy bien acogida. El listón de las necesidades está muy bajo.

JUEVES SANTO

Un cuento

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Es Jueves Santo.

Brilla el sol. Las carreteras están llenas, todo el mundo se desplaza de un lado a otro, da igual a dónde. Son las primeras vacaciones con buen tiempo y hay que aprovecharlas, buscar la playa, la montaña, el campo, el pueblo, la ciudad, otros países.

Disfrutar de las procesiones, con fe, con más folclore que fe, con cámara de fotos, con los ojos; aborrecerlas hasta la extenuación. Implorar para que mañana Viernes Santo no llueva y no se suspenda la más importante de todas; hacerlo para que se joda la mierda de procesión, traérsela al pairo las procesiones.

Así es Jueves Santo. O así era.

Quedarse en casa, mirar por la ventana y ver la calle vacía. Oír a los pájaros disfrutar de su libertad, en un canto que alberga recochineo y justicia poética al ser los amos y señores del exterior sin humanos que den por saco con sus ruidos y sus artefactos contaminantes.

Saber que hay gente con mayores preocupaciones que las tuyas; gente luchando entre la vida y la muerte; personas angustiadas viendo a los suyos debatirse entre los dos mundos; trabajadores que dan todo hasta la extenuación para intentar salvar esas vidas.

Los hay que están encerrados en pisos ínfimos, sintiendo que les falta espacio vital, que tienen que compartir más de lo que quisieran esos pocos metros. Hay a quien le sobran y desearía tener que compartirlos, al menos un poquito. Está quien no sabe cómo va a pagar el disfrute de esos metros. También quien posee muchísimos distribuidos en varias plantas, con jardín, con piscina, con garaje donde duermen varios cochazos; vehículos dispuestos a pavonearse sin pudor alguno por algún lugar concurrido y de moda, pero que se van a quedar a la espera de otro Jueves Santo.

Resignados que intentan llevar los días como mejor pueden. Encantados de no poder salir; irracionales, egoístas, insolidarios, descerebrados que van a salir de todas formas. Angustiados por su presente, por su futuro, por su salud, por la de los suyos. Adinerados que no comprenden que su fortuna vale ahora lo mismo que una mierda. Descubridores de nuevas ocupaciones, lectores, pintores, escritores, cantantes, músicos, informáticos de ocasión, habilidosos manuales, yoguis, deportistas de pasillo, jardineros de maceta, cocineros, ingeniosos de cuatro elementos, pensadores, observadores, ensoñadores, introspectivos, dormitadores, insomnes…

Sí, es Jueves Santo y el planeta al unísono ríe y disfruta de la calma que le ha proporcionado un bichito.