
Me he comprado un huerto. Es una parcela lo suficientemente grande para cultivar alguna cosilla sin tener que deslomarme, hacer una pequeña casa de recreo y holgazanear gustoso a la sombra de mis árboles.
Lleva varios años sin usar, así que lo primero que tengo que hacer es desbrozar y hacer inventario de lo que hay por aquí; entre otras cosas identificar los árboles. Como buen urbanita que soy, necesitaré ayuda para ponerle nombre a alguno de ellos.
Hay un grupo de pinos de gran porte, cinco exactamente, al lado del pequeño chabisque que hay al fondo. Un hermoso ejemplar de sombra que, para vergüenza mía, no sé qué es. Y una serie de árboles de mediano tamaño que deben ser frutales. Un cerezo, un ciruelo, tres almendros, un peral y eso tan pequeño al lado del peral parece un manzano.
Eso es, un enorme peral y un pequeño manzano de no más de metro y medio. El peral tiene una pera y el manzano está repleto de pequeñas manzanas.
―¡Vaya con el peral! Tan grande y hermoso y solo tiene una pera. ¿No le dará vergüenza?
―¿Perdona? ¿Pero quién te crees para venir a mi casa a insultarme?
―¡Huy! ―parece que me ha oído―. Disculpa, pero con tu tamaño dar solo una pera…
―Así, de entrada, ¿alguien te ha dado permiso para tutearme?
―Lo siento ―ahora solo falta que se me ponga este digno―, no quería importunarle.
―Eso está mejor. ―Sí que tiene aire digno, sí.
―Mire, señor peral, pero no lo entiendo. Usted con su tamaño y porte ¿solo da una pera? y este pequeño manzano está repleto…
―Ya estamos con la murga de siempre. ―Me da la impresión de que he tocado materia sensible y que esta conversación ya la ha tenido en el pasado― ¿Usted cree que es fácil hacer peras de esta calidad? ¿Le parece que la cantidad es mejor que la calidad?
―No, yo solo…
―Es que hablar y criticar es muy fácil. ¡Manzanas! Manzanas hace cualquiera, ¿pero, peras? Pruebe alguna manzana, pruebe y después me lo dice. A ver qué es mejor si una pera o una manzana.
―Pues si usted lo dice…
―Sí, yo lo digo.
Al final me he cogido una manzanita que, a decir verdad, ni fu ni fa. Ahora, eso sí, a ver quién es el guapo que se atreve a coger la pera.
A Diego H. S. «Chino», que la conversación la tuvo él.