BELINDA

Un cuento

Día 2

Hoy me siento creativo. La diferencia de los días radica en lo que puedas crear o no. Un día que no generas algo nuevo es un día perdido y no todos los días tiene el cuerpo uno como para crear. El día que algo nace de ti es un día para la historia, para mi historia. Un día para marcar en rojo en el almanaque de la vida.

Hoy siento que las musas han venido a verme; quieren oír música, mi música. La que ellas me inspiran, la que mi cerebro canaliza a mis dedos y al arco. Son las lágrimas que mi violín llora las que conmueven el mundo.

Me voy a la colina de la música. En ella es donde las musas se sientan a mi alrededor para deleitarse con el sonido que produce el roce del arco con las cuerdas. El sonido aquí es libre, fluye y viaja sin obstáculo alguno. No hay objeto que lo frene, se expande hasta perderse en el infinito sobre las amarillas colinas colindantes. No hay nada más en kilómetros a la redonda: rocas grises y colinas amarillas bajo la bóveda del azul más intenso que haya visto nunca la tierra.

No hay espectadores que frenen mi creatividad. No hay público que marque el designio de mi arco con la expresión de su rostro.

Ocasionalmente pasa un zorro. Me mira en la distancia, vuelve su rostro indiferente y sigue su camino olisqueando el suelo.

Las bestias son inmunes al arte. Solo los humanos se conmueven con él. Y no todos. Mi padre, por ejemplo, no. Cuando me ve salir de casa con el violín me mira mal, a veces habla, pero no sé lo que dice, no le escucho, no merece la pena.

Mi padre es inmune al arte. Las bestias son inmunes al arte. Mi padre es una bestia.

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