
Día 4
Mi padre está en su huerto. Se cree algo por tener un huerto, pero no lo lleva tan bien como nosotros. Nosotros somos profesionales, el no.
Paso de largo. Se pone la mano en la cabeza a modo de visera, me mira, dice algo. No sé lo que dice. No me interesa lo que dice.
Hoy he estado en el taller. Se ha liado una gorda. El caraescoba se ha puesto a coger tomates aún verdes. Alfredo le ha echado la bronca. Santi se ha reído. Alfredo le ha dicho que no está bien reírse, que él no es mucho mejor, que digamos, que Jorge. Jorge ha mirado con cara de odio a Santi. Seguro que se la guarda.
Ahora me voy a mi escondite. Aquí estoy bien. No hay nadie más. Nunca hay nadie. Solo se oye a las ranas que se callan cuando llego; pero si me quedo quieto y en silencio, vuelven a cantar. De vez en cuando, cuando quiero que se callen, tiro una piedra al agua. Esta fabrica ondas y las ondas acallan a las ranas. Tengo el poder de ordenar a las piedras que fabriquen ondas que acallen a las ranas. Tengo el poder sobre las piedras y sobre las ranas. Un día les daré un concierto a las ranas con mi violín, lo mismo consigo que canten mi música.
Mañana traeré el violín.