
Día 6
Ayer las ranas no estuvieron muy receptivas a mi música, no quisieron hacerme los coros. Espero que no estén conchabadas con mi padre. Lo mismo les pillé por sorpresa y se callaron para aprenderse la melodía.
Tengo ganas de que llegue la tarde para irme a Praga. A partir de ahora se llama así mi escondite; así, si alguien me dice que a dónde voy, le diré que a Praga y se quedará con un palmo de narices.
Se me hace larga la mañana. Solo quiero que pase el tiempo para irme a Praga. Así que trabajo sin hacer caso a nadie para que pase el tiempo más rápido. Laura me dice algo de quedar por la tarde. Hoy no puedo, así que no le hago caso. Otro día. Lo mismo le llevo a Praga un día.
Por fin llega la tarde y me voy a Praga. Como no llevo el violín mi viejo no me dice nada. Cuando llego las ranas se callan. Saco el violín de entre los matorrales, igual con la humedad de la noche se ha desafinado algo; no importa, la música conceptual no necesita afinación.
Empiezo a tocar. Las ranas callan.