
Día 15
Mi padre me despierta a la hora de siempre. Antes me despertaba solo, ahora, no. No duermo, pero tampoco me despierto.
El viejo ha preparado el desayuno. Me acompaña al taller.
Allí Alfredo sale a recibirme. Parece contento. Dice que todos me esperan.
Silvia está con todo el equipo: Santi, Laura, Marcos, Jorge y Amalia. Gritan, aplauden, sonríen. Silvia me da la bienvenida y un beso. Luego se abalanzan todos contra mí y me abrazan.
No sé qué tengo que hacer, sonrío de manera bobalicona, se supone que algo así tengo que hacer.
Hoy Alfredo me consiente que holgazanee un poco. Dice que ya me incorporaré poco a poco, que debo estar cansado. No sé si estoy cansado.
Santi suda como un cerdo, como lo que es; Amalia mira al infinito mientras su índice pugna con su nariz; Jorge observa los tomates; Marcos observa el culo de Laura; y Laura me observa a mí y me habla y no calla, me cuenta miles de cosas, no sé lo que dice.
Por la tarde volvemos a casa. Laura me acompaña, me propone quedar para pasear, tomar algo, ir al cine…, lo que sea. Le digo que estoy cansado, que otro día. Se va…, no muy convencida.
Pienso en ir a Praga. No me apetece. Estoy cansado. Realmente tengo miedo de encontrarme allí a Belinda.
Me acuesto.