BELINDA

Un cuento

Día 8

El miedo se ha instalado en mi alma. No quiero encontrarme a Belinda. Me da miedo pensar que me puede encontrar en el taller, si ha sabido llegar una vez hasta allí…

Hoy es un día especial. Me han puesto con Laura y Silvia en la tienda de productos ecológicos. Yo creo que lo han hecho para que Belinda no me encuentre aquí.

Me gusta ir al colmado. Viene gente de todas partes a comprar y la mañana pasa más rápido. Yo me encargo de reponer lo que las otras van despachando.

Silvia es maravillosa, sirve para todo, sabe atender muy bien a los clientes. Laura intenta imitar a Silvia, resulta patética a lado de esta. Silvia le dice que lo hace muy bien y Laura se viene arriba. Yo creo que lo hace para ponerla contenta, pero seguro que sabe tan bien como yo que es patética.

A mí me gusta ver gente pero no hablar con ella. Si me dicen algo yo agacho la cabeza y sigo a lo mío. No es lo mismo ver gente que hablar con ella. Todo el mundo es impertinente. Prefiero que me vean trabajar y se deleiten con mi buen hacer. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, por eso no quiero hablar, yo soy la imagen. Imagen de un hombre diligente, fuerte, raudo, trabajador. Mi puesto es el más importante de todos. Sin mi presteza no hay producto que vender; si no hay producto que vender, la tienda de productos ecológicos cierra; si la tienda de productos ecológicos cierra, el taller no tiene sentido y cierra; si el taller cierra, me quedo sin trabajo, mis compañeros también; entonces seríamos la escoria de la tierra. Entonces Belinda se reiría de mí y yo no quiero que se ría de mí.

Hoy no me ha encontrado en la tienda. Eso está bien, pero tengo que estar alerta, no quiero que me encuentre, no quiero que me vea, no quiero que me hable.

BELINDA

Un cuento

Día 7

Hoy en el taller me he puesto de mala hostia. De repente ha aparecido Belinda a decirme no sé qué. No le he hecho caso. Me he tapado las orejas y he gritado para no oírla, para que se fuera. No quiero que venga al taller. No quiero que me hable. Quiero que desaparezca de mi vida. Si no está ella me siento bien. Creo que soy feliz. Sí, soy feliz con los chicos y con Silvia, hasta con Alfredo. Pero con Belinda, no. ¡No!

Silvia ha venido a consolarme. Me gusta que Silvia venga a consolarme. Me ha dado algo para que me tranquilizara. Ha funcionado.

BELINDA

Un cuento

Día 6

Ayer las ranas no estuvieron muy receptivas a mi música, no quisieron hacerme los coros. Espero que no estén conchabadas con mi padre. Lo mismo les pillé por sorpresa y se callaron para aprenderse la melodía.

Tengo ganas de que llegue la tarde para irme a Praga. A partir de ahora se llama así mi escondite; así, si alguien me dice que a dónde voy, le diré que a Praga y se quedará con un palmo de narices.

Se me hace larga la mañana. Solo quiero que pase el tiempo para irme a Praga. Así que trabajo sin hacer caso a nadie para que pase el tiempo más rápido. Laura me dice algo de quedar por la tarde. Hoy no puedo, así que no le hago caso. Otro día. Lo mismo le llevo a Praga un día.

Por fin llega la tarde y me voy a Praga. Como no llevo el violín mi viejo no me dice nada. Cuando llego las ranas se callan. Saco el violín de entre los matorrales, igual con la humedad de la noche se ha desafinado algo; no importa, la música conceptual no necesita afinación.

Empiezo a tocar. Las ranas callan.

BELINDA

Un cuento

Día 5

Hoy Laura le ha dado un bofetón a Marcos. Cuando estaba agachada le ha tocado el culo con una mano y con la otra se tocaba el paquete. Laura se ha incorporado, se ha vuelto y le ha metido una hostia que lo ha dejado vuelta al aire. Hacía tiempo que no me reía tanto. Santi se ha quedado con cara de pasmado, el caraescoba estaba mirando con detenimiento los tomates y no se ha enterado de nada y Amalia se ha reído como yo.

Amalia está celosa de Laura porque también le gusto, pero prefiero a Laura y eso Amalia lo sabe. Es que Amalia es muy cerda, cuando te descuidas se está comiendo los mocos. Parece que le gusta.

Silvia se ha enfadado mucho y ha echado a Marcos. No parece que le haya importado mucho, se ha dado la vuelta y se ha ido sonriendo. Hacía tiempo que no veía a Silvia tan enfadada. A Amalia y a mí también nos ha echado la bronca por reírnos y nos ha mandado a todos que siguiéramos trabajando, luego se ha ido a consolar a Laura.

Por la tarde cojo el violín y me voy a mi escondite. Mi padre me mira mal y me dice que a dónde voy. Le digo que a Praga y me largo. Mi padre contesta algo, no sé qué de romper el puto violín. Que ni se le ocurra. Por si acaso dejaré el violín allí, no creo que a las ranas les importe. ¡Puto viejo! No tiene ni idea de música conceptual.

BELINDA

Un cuento

Día 4

Mi padre está en su huerto. Se cree algo por tener un huerto, pero no lo lleva tan bien como nosotros. Nosotros somos profesionales, el no.

Paso de largo. Se pone la mano en la cabeza a modo de visera, me mira, dice algo. No sé lo que dice. No me interesa lo que dice.

Hoy he estado en el taller. Se ha liado una gorda. El caraescoba se ha puesto a coger tomates aún verdes. Alfredo le ha echado la bronca. Santi se ha reído. Alfredo le ha dicho que no está bien reírse, que él no es mucho mejor, que digamos, que Jorge. Jorge ha mirado con cara de odio a Santi. Seguro que se la guarda.

Ahora me voy a mi escondite. Aquí estoy bien. No hay nadie más. Nunca hay nadie. Solo se oye a las ranas que se callan cuando llego; pero si me quedo quieto y en silencio, vuelven a cantar. De vez en cuando, cuando quiero que se callen, tiro una piedra al agua. Esta fabrica ondas y las ondas acallan a las ranas. Tengo el poder de ordenar a las piedras que fabriquen ondas que acallen a las ranas. Tengo el poder sobre las piedras y sobre las ranas. Un día les daré un concierto a las ranas con mi violín, lo mismo consigo que canten mi música.

Mañana traeré el violín.

BELINDA

Un cuento

Día 3

Mi padre me grita desde el pasillo. No quiere entrar en mi habitación. No hace falta que lo haga. Es mi habitación y no hace ni puta falta que esté aquí dentro. Pero capto el mensaje, es hora de que me levante. Es hora de ir a trabajar.

Es pronto pero no me cuesta levantarme. Nunca me cuesta levantarme. Nunca tengo sueño. Nunca duermo.

Salgo a la cocina, ni rastro del viejo. Hoy echo la leche en un tazón; no le gusta que beba del cartón, por eso lo hago. Ha comprado madalenas, me como dos.

Cojo un poco de jamón para el almuerzo, está seco, como el pan, hoy no ha comprado pan el puto viejo. No es capaz de hacer dos cosas bien, o compra madalenas o compra pan. Me cojo el que quedó de ayer.

Salgo a la calle. Voy a la parada del bus. Llega puntual como siempre. No conozco al conductor de hoy. Me dice buenos días. No contesto, total, para qué, mañana será otro distinto.

El gordo de Santi está en primera fila, comiendo como un cerdo, como siempre. Mueve la cabeza con su apestosa boca llena de pan, eso debe ser un saludo. No tiene ni educación ni modales. No respondo, para qué. A este sí que le veo todos los días, pero no merece la pena saludar a un gordo apestoso.

Laura está sola en el asiento, me pongo a su lado. A Laura le gusta que me ponga a su lado, creo que le gusto. A mí no sé si me gusta; bueno, sus enormes tetas, sí. Pero Laura mata la cabeza, habla y habla sin parar. Ella habla. No sé lo que dice. Yo le miro las tetas.

Hoy tenemos que arrancar malas hierbas y regar. Siempre hay que regar. En verano todos los días. Es bueno para las plantas.

Silvia hoy está con nosotros. Laura no sé si me gusta, pero Silvia, sí. Es buena conmigo, me enseña a hacerlo bien cuando no sé. Me gusta cuando coge mi azada y me enseña a manejarla, se pone a mi lado y huele bien. Silvia me da besos a menudo. Pero también se los da a Santi, el gordo, y a Laura y a Marcos, el cerdo, y al caraescoba de Jorge y a Amalia tragamocos. Es lo que no me gusta de Silvia, parece que quiere a todos tanto como a mí. Pero prefiero que esté Silvia que Alfredo. Alfredo no nos quiere y es duro, siempre está detrás dándome prisa. A veces pienso que me doy la vuelta y le clavo la azada en la cabeza para que se calle de una puta vez. Pero me echarían del taller. Y a mí me gusta el taller.

BELINDA

Un cuento

Día 2

Hoy me siento creativo. La diferencia de los días radica en lo que puedas crear o no. Un día que no generas algo nuevo es un día perdido y no todos los días tiene el cuerpo uno como para crear. El día que algo nace de ti es un día para la historia, para mi historia. Un día para marcar en rojo en el almanaque de la vida.

Hoy siento que las musas han venido a verme; quieren oír música, mi música. La que ellas me inspiran, la que mi cerebro canaliza a mis dedos y al arco. Son las lágrimas que mi violín llora las que conmueven el mundo.

Me voy a la colina de la música. En ella es donde las musas se sientan a mi alrededor para deleitarse con el sonido que produce el roce del arco con las cuerdas. El sonido aquí es libre, fluye y viaja sin obstáculo alguno. No hay objeto que lo frene, se expande hasta perderse en el infinito sobre las amarillas colinas colindantes. No hay nada más en kilómetros a la redonda: rocas grises y colinas amarillas bajo la bóveda del azul más intenso que haya visto nunca la tierra.

No hay espectadores que frenen mi creatividad. No hay público que marque el designio de mi arco con la expresión de su rostro.

Ocasionalmente pasa un zorro. Me mira en la distancia, vuelve su rostro indiferente y sigue su camino olisqueando el suelo.

Las bestias son inmunes al arte. Solo los humanos se conmueven con él. Y no todos. Mi padre, por ejemplo, no. Cuando me ve salir de casa con el violín me mira mal, a veces habla, pero no sé lo que dice, no le escucho, no merece la pena.

Mi padre es inmune al arte. Las bestias son inmunes al arte. Mi padre es una bestia.

BELINDA

Un cuento

Hola de nuevo y feliz año. Por lo menos que sea un poquito mejor que el anterior, ya veis que el umbral de las expectativas no está muy alto.

Os voy a ir dejando poco a poco un nuevo relato. Espero que os guste.

¡Salud!

Día 1

Hoy Belinda no ha venido a despertarme. Hoy estoy contento.

Me siento en paz con el mundo, conmigo mismo. Tengo ganas de disfrutar de la vida, de aprovechar este magnífico día. Hace calor, pero no agobia.

Me levanto, no hay nadie en casa. Papá debe de estar en el huerto, o en su taller, o comprando, o tirándose a la vecina. ¡Ja, ja, ja! Qué cosas se me ocurren. A la señora Carmen hace años que ya nadie la mira. No sé si nunca nadie la habrá mirado. Nació soltera y morirá solterona.

Ahora bien, mi padre puede hacer lo que le dé la gana. Hasta tirársela. Por mí como si se la tira.

Cojo leche de la nevera y le pego un buen trago al cartón. No hay ni una puta madalena seca. Espero que el viejo se acuerde de comprar.

Me voy a mi escondite, es mío. Nadie sabe que estoy aquí, quizás Belinda, a ella no puedo ocultarle nada.

Tiro piedras a la charca y hacen ondas. Empiezan en la piedra y se van poco a poco, poco a poco… hasta que desaparecen. Es la cualidad oculta de las piedras: fabricar ondas. Nadie hasta ahora se ha dado cuenta, solo yo. La gente está muy atareada con sus trabajos, gilipolleces y mierdas como para preguntarle a una piedra sus cualidades. Todo el mundo corre de un lado para otro, todos tienen “cosas importantes” que hacer. Se dan el pegote de ser gente atareada que tiene asuntos más serios que preguntarle a una piedra por sus cualidades. ¡Inútiles! Son unos desgraciados que se están perdiendo la cara oculta del mundo, el sentido de la vida, el origen del universo.

Tampoco se fijan en mí. ¡Mejor! No necesito sus miradas, su compasión, su comprensión.

Solo Belinda se fija en mí y sin embargo no sé si me gusta.

MI HUERTO

Un cuento

th

Me he comprado un huerto. Es una parcela lo suficientemente grande para cultivar alguna cosilla sin tener que deslomarme, hacer una pequeña casa de recreo y holgazanear gustoso a la sombra de mis árboles.

Lleva varios años sin usar, así que lo primero que tengo que hacer es desbrozar y hacer inventario de lo que hay por aquí; entre otras cosas identificar los árboles. Como buen urbanita que soy, necesitaré ayuda para ponerle nombre a alguno de ellos.

Hay un grupo de pinos de gran porte, cinco exactamente, al lado del pequeño chabisque que hay al fondo. Un hermoso ejemplar de sombra que, para vergüenza mía, no sé qué es. Y una serie de árboles de mediano tamaño que deben ser frutales. Un cerezo, un ciruelo, tres almendros, un peral y eso tan pequeño al lado del peral parece un manzano.

Eso es, un enorme peral y un pequeño manzano de no más de metro y medio. El peral tiene una pera y el manzano está repleto de pequeñas manzanas.

―¡Vaya con el peral! Tan grande y hermoso y solo tiene una pera. ¿No le dará vergüenza?

―¿Perdona? ¿Pero quién te crees para venir a mi casa a insultarme?

―¡Huy! ―parece que me ha oído―. Disculpa, pero con tu tamaño dar solo una pera…

―Así, de entrada, ¿alguien te ha dado permiso para tutearme?

―Lo siento ―ahora solo falta que se me ponga este digno―, no quería importunarle.

―Eso está mejor. ―Sí que tiene aire digno, sí.

―Mire, señor peral, pero no lo entiendo. Usted con su tamaño y porte ¿solo da una pera? y este pequeño manzano está repleto…

―Ya estamos con la murga de siempre. ―Me da la impresión de que he tocado materia sensible y que esta conversación ya la ha tenido en el pasado― ¿Usted cree que es fácil hacer peras de esta calidad? ¿Le parece que la cantidad es mejor que la calidad?

―No, yo solo…

―Es que hablar y criticar es muy fácil. ¡Manzanas! Manzanas hace cualquiera, ¿pero, peras? Pruebe alguna manzana, pruebe y después me lo dice. A ver qué es mejor si una pera o una manzana.

―Pues si usted lo dice…

―Sí, yo lo digo.

Al final me he cogido una manzanita que, a decir verdad, ni fu ni fa. Ahora, eso sí, a ver quién es el guapo que se atreve a coger la pera.

 

A Diego H. S. «Chino», que la conversación la tuvo él.

 

 

JUEVES SANTO

Un cuento

DSCN9278

Es Jueves Santo.

Brilla el sol. Las carreteras están llenas, todo el mundo se desplaza de un lado a otro, da igual a dónde. Son las primeras vacaciones con buen tiempo y hay que aprovecharlas, buscar la playa, la montaña, el campo, el pueblo, la ciudad, otros países.

Disfrutar de las procesiones, con fe, con más folclore que fe, con cámara de fotos, con los ojos; aborrecerlas hasta la extenuación. Implorar para que mañana Viernes Santo no llueva y no se suspenda la más importante de todas; hacerlo para que se joda la mierda de procesión, traérsela al pairo las procesiones.

Así es Jueves Santo. O así era.

Quedarse en casa, mirar por la ventana y ver la calle vacía. Oír a los pájaros disfrutar de su libertad, en un canto que alberga recochineo y justicia poética al ser los amos y señores del exterior sin humanos que den por saco con sus ruidos y sus artefactos contaminantes.

Saber que hay gente con mayores preocupaciones que las tuyas; gente luchando entre la vida y la muerte; personas angustiadas viendo a los suyos debatirse entre los dos mundos; trabajadores que dan todo hasta la extenuación para intentar salvar esas vidas.

Los hay que están encerrados en pisos ínfimos, sintiendo que les falta espacio vital, que tienen que compartir más de lo que quisieran esos pocos metros. Hay a quien le sobran y desearía tener que compartirlos, al menos un poquito. Está quien no sabe cómo va a pagar el disfrute de esos metros. También quien posee muchísimos distribuidos en varias plantas, con jardín, con piscina, con garaje donde duermen varios cochazos; vehículos dispuestos a pavonearse sin pudor alguno por algún lugar concurrido y de moda, pero que se van a quedar a la espera de otro Jueves Santo.

Resignados que intentan llevar los días como mejor pueden. Encantados de no poder salir; irracionales, egoístas, insolidarios, descerebrados que van a salir de todas formas. Angustiados por su presente, por su futuro, por su salud, por la de los suyos. Adinerados que no comprenden que su fortuna vale ahora lo mismo que una mierda. Descubridores de nuevas ocupaciones, lectores, pintores, escritores, cantantes, músicos, informáticos de ocasión, habilidosos manuales, yoguis, deportistas de pasillo, jardineros de maceta, cocineros, ingeniosos de cuatro elementos, pensadores, observadores, ensoñadores, introspectivos, dormitadores, insomnes…

Sí, es Jueves Santo y el planeta al unísono ríe y disfruta de la calma que le ha proporcionado un bichito.