
Día 8
El miedo se ha instalado en mi alma. No quiero encontrarme a Belinda. Me da miedo pensar que me puede encontrar en el taller, si ha sabido llegar una vez hasta allí…
Hoy es un día especial. Me han puesto con Laura y Silvia en la tienda de productos ecológicos. Yo creo que lo han hecho para que Belinda no me encuentre aquí.
Me gusta ir al colmado. Viene gente de todas partes a comprar y la mañana pasa más rápido. Yo me encargo de reponer lo que las otras van despachando.
Silvia es maravillosa, sirve para todo, sabe atender muy bien a los clientes. Laura intenta imitar a Silvia, resulta patética a lado de esta. Silvia le dice que lo hace muy bien y Laura se viene arriba. Yo creo que lo hace para ponerla contenta, pero seguro que sabe tan bien como yo que es patética.
A mí me gusta ver gente pero no hablar con ella. Si me dicen algo yo agacho la cabeza y sigo a lo mío. No es lo mismo ver gente que hablar con ella. Todo el mundo es impertinente. Prefiero que me vean trabajar y se deleiten con mi buen hacer. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, por eso no quiero hablar, yo soy la imagen. Imagen de un hombre diligente, fuerte, raudo, trabajador. Mi puesto es el más importante de todos. Sin mi presteza no hay producto que vender; si no hay producto que vender, la tienda de productos ecológicos cierra; si la tienda de productos ecológicos cierra, el taller no tiene sentido y cierra; si el taller cierra, me quedo sin trabajo, mis compañeros también; entonces seríamos la escoria de la tierra. Entonces Belinda se reiría de mí y yo no quiero que se ría de mí.
Hoy no me ha encontrado en la tienda. Eso está bien, pero tengo que estar alerta, no quiero que me encuentre, no quiero que me vea, no quiero que me hable.








