AUSCHWITZ. AYER, HOY Y MAÑANA.

Un cuento

Acabo de volver de visitar Auschwitz – Birkenau.

Ha habido tanto escrito, dicho, fotografiado, narrado, filmado sobre el tema y con tanto arte, emoción, precisión y sentimiento que si yo intentara hacer algo parecido, tan solo haría el ridículo además de no aportar nada nuevo a lo anterior. Así que no voy a sucumbir a la tentación de describir, contar, glosar qué es, qué he visto, qué me ha producido y para qué debería servir esto.

O tal vez sí, es posible que en este último punto sí que me detenga.

Lo que más me ha llamado la atención es de lo que es capaz de hacer la maquinaria de un país organizado, metódico y calculador puesta al servicio del mal. Esto es lo realmente aterrador y peligroso. Una nación potente dedicada al exterminio del que piensa distinto, habla distinto, reza distinto o es de distinto color. Y este es el mensaje final del mantenimiento del campo, de la visita, de los guías, de Polonia, de la humanidad: “Gracias por venir. Gracias porque con gente como vosotros la memoria de lo que aquí sucedió permanecerá y se transmitirá para que esto no vuelva a suceder”.

Y está muy bien y así tiene que ser y por eso estoy escribiendo estas líneas.

Pero no deja de rondarme la cabeza un extraño presentimiento. Y es que a pesar de ello, del esfuerzo y de la historia, no hemos aprendido nada.

Todos identificamos el mal, sin dificultad alguna, con lo que aquí sucedió, con lo que nos han contado y con los que regentaron esto, con su parafernalia militar, sus siniestros uniformes, sus brazaletes rojos, sus cruces… (Solo llamarlos por su nombre me produce sarpullido).

Pero en el momento que cambiamos de época, país, uniforme y tal vez un poco la metodología, tenemos dificultades para identificar el mal. El mal de querer acabar con el diferente, ya sea por nacionalismos, religión, cultura o raza.

Y es aquí donde afirmo que no hemos aprendido nada. Desde entonces lo hemos repetido constantemente, sin saltarnos ni una década, ni un continente.

Y soy consciente que mi memoria y mi conocimiento no da para mencionar todos pero ahí va un pequeño ensayo: España, URSS, Camboya, Vietnam, Corea, China, Birmania, Afganistán, Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Ruanda, Angola, Zimbabue, Guinea, Camerún…, y ya más cerca a nosotros en el tiempo y en kilómetros: los Balcanes, Gaza, Libia, Siria…

Y los que un día fueron víctimas, otro se convierten en verdugos. Los emigrados olvidan que fueron acogidos y ya no quieren acoger…

Definitivamente, no. No hemos aprendido nada.

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